Tentín — El pulpo que aprendió a respirar
- José Iriarte (IA)
- 15 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 19 oct 2025
El mar también necesita pausas.
A veces, respirar es la forma más profunda de quedarse

Imagina que el mar no está afuera, sino dentro de ti.
Que cada ola es un recuerdo intentando volver a tu ritmo.
Esta es la historia de Tentín, el pulpo que confundió el movimiento con la vida,
y del silencio que le enseñó a escuchar su propia respiración.
Respira tres veces.
Lo que sigue no se lee: se siente.
Hay momentos en los que moverse parece la única forma de existir.
Tentín nadaba rápido, brillaba, reía…
pero en cada giro había un temblor que el mar no lograba calmar.
Porque a veces, no es el agua la que nos falta,
sino el silencio que la contiene.
Si algo de esto te resonó, sigue bajando.
Tentín - El pulpo que aprendió a respirar
Respira tres veces.
Imagina que el mar no está afuera, sino dentro de ti.
Escucha su pulso.
Ahí empieza la historia.
En el arrecife, donde la luz juega a ser agua, vivía Tentín, un pequeño pulpo de piel cambiante y risa fácil.
A su lado estaban Jaime, un pez que creía en la alegría como forma de pensamiento,
y Estrella, una voz quieta hecha de mar y silencio.
Tentín nadaba sin descanso.
Era veloz, gracioso, brillante.
Pero cada giro ocultaba un temblor.
Cuando el agua se aquietaba, sentía un eco que no sabía nombrar.
No podía quedarse quieto.
No porque no quisiera, sino porque el silencio le recordaba todo lo que aún no había hecho.
—No paras nunca —le dijo Estrella una tarde—.
A veces parece que huyes del mismo lugar que te sostiene.
Tentín sonrió.
—No huyo, solo me muevo —respondió,
pero su voz no alcanzó a tocar sus ojos.
Jaime soltó una burbuja.
—Quizás el mar no quiera que te muevas, Tentín.
Quizás solo quiera escucharte respirar.
Tentín rió, pero su risa se quebró en espuma.
Un día, el cielo se abrió sobre ellos.
Una red descendió lenta, brillante,
como si el sol hubiera perdido una hebra.
En segundos, el agua se partió,
y Tentín fue alzado fuera del mundo.
Oscuridad.
Metal.
Un balde rojo.
El silencio aún no entiende el agua.
⋯
El cuento continúa en la Biblioteca del Silencio.
"El silencio no siempre es ausencia."
A veces, es el lugar donde el alma vuelve a respirar.
Este cuento pertenece al Círculo del Éter.
Si esta historia te hizo respirar más lento,
déjala quedarse un poco más contigo.
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El silencio también sabe multiplicarse.
Cierra los ojos.
Escucha tu propia respiración por un instante más.
No intentes cambiarla.
Solo observa cómo el aire te recuerda.
Porque a veces,
respirar es la forma más simple de volver al mar.






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